Uno
los temas de mayor sensibilidad dentro de la sociedad actual, es lo relacionado
con la vida privada de las personas, la cual se cuida con tanto celo que las
normas vigentes de la mayoría de la países civilistas del mundo, tipifican la
intimidad como un derecho fundamental; en tal sentido no es extraño que este
dogma moderno no solo se halla trasladado al cristianismo sino que además mutara
en una forma de tolerancia al pecado tanto de la feligresía como de sus líderes,
fomentada por una cultura de seudo espiritualidad cuyo criterio general considera
pecado confrontar la vida disipada de sus miembros, por lo cual con frecuencia
escuchamos decir “no es mi problema, allá él con Dios” “el que esté libre de
pecado que tire la primera piedra”, utilizan además la máxima bíblica “no
juzgues, para que no seas juzgado” Mateo 7:1,
sin entender que el sentido real de estas palabras no limita la
posibilidad de encarar el error, por el contrario nos anima a limpiar nuestro
ojo para luego ayudar a sacar la paja del ojo de mi hermano, Mateo 7:5, incluso
muchos opinan que Jesús nunca participó en la denuncia de un pecador, estas
personas tienen una comprensión distorsionada y deben considerar el pasaje de Mateo 7:15-16, en
donde Jesús advierte acerca de los falsos profetas, y los pasajes de Apocalipsis 2: 5; 2: 20-23;
3:16 en donde El mismo señor Jesús confronta el pecado de las Iglesias de
Éfeso, Tiatira y de Laodicea.
Un
creyente verdadero debe considerar que si bien es cierto la vida cristiana es
personal, esta no es privada ya en que cada momento requerirá mostrar su fe por
medio de su estilo de vida Santiago 2:18, en tal sentido la Biblia se refiere
a los cristianos como cartas conocidas y leídas por todos los hombres 2
corintios 3:2, señala además como primer requisito para los aspirantes a
ejercer liderazgo que estos sean irreprensibles, es decir HOMBRES CONOCIDOS POR SU
BUENA CONDUCTA Y PIEDAD CONSTANTE. 1 Timoteo 3:1; Tito 1:6, dice además “También
es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en
descrédito y en lazo del diablo.” 1 Timoteo 3:7, por lo tanto no se debe
considerar como un asunto privado el pecado que amenaza con la destrucción de
la vida de un creyente y más aun cuando este afecta la unidad de la grey y
deshonra la pureza de la iglesia, por tanto si usted se observa a un hermano en
un situación moralmente comprometida, no solo puede sino debe confrontarlo,
entendiendo además que esta labor no solo es responsabilidad de la autoridad
eclesial (liderazgo) sino de cada creyente. “Hermanos, si alguno fuere
sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con
espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas
tentado.” Gálatas 6:1.
Muchos
estiman a quienes pretenden encarar y exhortar al trasgresor, como carentes de
amor y perdón, pero nada más alejado de la verdad, por el contrario permanecer
pasivos antes hechos graves de inmoralidad dentro de la iglesia no solo es un
mensaje inequívoco de ausencia de amor por el rebaño, sino también de
desobediencia a los mandamientos de Cristo. Mateo 18 nos presenta instrucciones
claras de cómo los creyentes deben tratar con el pecado en el cuerpo, a esto se
le llama “disciplina de la Iglesia”, siendo siempre su fin supremo, la
restauración del pecador “…ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere,
has ganado a tu hermano” Mateo 18:15, ya que al igual que la disciplina de los
padres, Dios procura con ella la corrección y no la destrucción de sus hijos.
El
proceso de la disciplina de la iglesia referido por Jesús en Mateo 18, describe
cuatro pasos:
1.
Exhórtale privadamente: Cuando reconocemos en algún cristiano una conducta reprochable,
Jesús es tremendamente claro al determinar que nuestra primera acción deberá
ser siempre reprender a solas al trasgresor
“Por tanto, si tu hermano peca
contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos;…” Mateo 18:15, la expresión
“repréndele” usada en el griego original, da el sentido de convencerlo del
error, por tanto se requiere una información
precisa de la ofensa en cuestión sea el trasgresor consiente o no de la misma,
de manera que se percate de que su pecado es conocido, acepte su
responsabilidad por la misma; si esta primera fase tiene éxito, es decir
produce arrepentimiento y reconciliación, se le debe animar a restituir a
quienes ofendió y a perseverar en esta nueva actitud, por supuesto este será el fin del proceso de
disciplina “…has ganado a tu hermano”, en sentido contrario se requerirá pasar
al siguiente paso.
2.
Toma uno o dos testigos: Desafortunadamente no siempre la confrontación privada
redunda en arrepentimiento y por el contrario el confrontado se niega a oír,
desmiente su culpabilidad, minimiza su responsabilidad, se auto justifica, por
tanto es el momento del paso dos, allí se debe invitar a una o dos hermanos y
junto con ellos confrontarlo una vez más “Mas si no te oyere, toma aún contigo
a uno o dos,…” Mat 18:16; sobra aclarar que en la selección de estos testigos
se debe tener en cuenta a hermanos de una madurez probada y de testimonio
ejemplar.
Con
este modelo establecido por la ley mosaica en Deuteronomio 19:15, se procura ejercer
presión de tal forma que el ofensor entienda que este asunto ya empezó a ser
parte de la comunidad (iglesia), también se busca un mejor criterio para
determinar la culpabilidad de la persona cuestionada, pero principalmente el
texto aduce “…para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.” Mateo
18:16, es decir sean refrendarios (testigos y depositarios) de las palabras
allí expuestas evitando así posteriores malentendidos. Como en el primer paso
en el segundo se espera la restauración del hermano, sin embargo de no ser así
hay todavía algo por hacer.
3. Dilo
a la iglesia: En este punto es fácil encontrar voces que argumenten que seguir
adelante sea cruel y poco perdonador, sin embargo hay que insistir que el
objetivo deseado será siempre ganar al hermano, por lo tanto tenemos que creer
y obedecer a lo que Dios dice es el proceso de disciplina y este involucra a
TODA LA IGLESIA “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia;… Mateo 18:17, es
entendible que consideremos que sea más práctico delegar esta función en una
sola persona, pero como vemos en el texto, la disciplina de la iglesia es una
responsabilidad corporativa, de todas formas es la iglesia quien en últimas se
ve mayormente afectada por el pecado permitido, este es el argumento utilizado
por el apóstol Pablo al increpar a la iglesia de Corinto, ante la negativa de
disciplinar a un hombre que tenia la mujer de su padre “No es buena vuestra
jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?” 1Corintios
5:6.
4.
Tenle por gentil y publicano: Cuando llegamos a esta instancia se debe tener la
seguridad de haber trasegado las tres etapas antes mencionadas de manera
correcta y no haber obtenido el esperado arrepentimiento del impenitente, en
este punto la única solución posible dada por el mismo señor Jesucristo es la
separación del hermano ofensor, “… y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil
y publicano.” Mat 18:17, dicho de otra manera al no someterse a la disciplina
de la iglesia, a esta persona se le debe considerar como inconverso (gentil y
publicano) a esto también se le llama excomunión, la cual no implica que el tal
sea discriminado, por el contrario se le debe seguir testificando para buscar
su restauración, a esto es lo que hace referencia Pablo en el mismo caso de
inmoralidad no juzgado en Corinto, “el tal sea entregado a Satanás para
destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor
Jesús.” 1Co 5:5.
Para culminar debemos reiterar una
vez más el sentido restaurador que tiene la disciplina de la iglesia, por tanto la pasividad de muchos líderes y feligreses frente al pecado de la iglesia y que obedece al temor de ser
vistos como poco amorosos y evitar posibles conflictos, no sólo destruye
la integridad de una congregación cristiana sino también es una abierta
oposición a la voluntad de Dios.
El que tiene oídos para oír, oiga.
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